viernes, noviembre 16, 2012

El Maestro

Toda mi vida, he perseguido solo un propósito. Conocer al Maestro.
He estudiado a la Muerte desde cerca. Conozco todo lo que hay que saber de ella. De él. He oído el susurro del Maestro entre los textos, entre el conocimiento que envuelve a la muerte. Yo solo quiero conocerlo.
He disfrazado mi interés. La antropología me ha permitido estudiar los distintos aspectos de todas las civilizaciones, actuales y perdidas, y todo me lleva al Maestro.
Mi esposa, mis hijos, lo he hecho todo para conocer al Maestro.
Conozco la Cofradía, ellos me buscaron, investigaron sobre mí, me llevaron a un mundo que no todos están hechos para conocer. Los seguí, los amé, los obedecí… pero yo no los quería a ellos. Yo solo quiero conocer al Maestro.
Lo abandoné todo para realmente conocer al maestro. Ellos estaban embobados en seguir sus ritos y sus absurdas predicciones. Mi objetivo es mucho más simple… puro.
Fui seducido por la idea de cortejar a la muerte, para verlo, pero mi mano y mi corazón fueron descubiertos por los profanos.
Homicidio calificado fue la sentencia. Ahí, me mezclé con los tontos y los sádicos, esos que solo intuyen la sabiduría del Maestro. Se dejan llevar por guiños que él deja en sus almas. No persiguen lo mismo que yo, son ciegos, ignorantes, inútiles. No, inútiles no.
-Oiga, hoy salgo en libertad… ¿cumplirá con la parte del trato? – preguntó mi utensilio. Jorge no sabe que sus manos serán utilizadas para un propósito mayor,
-Por supuesto Jorge, el dinero sigue sobre la mesa… tú solo tienes que encontrar la víctima. Yo saldré de aquí dentro de poco… no caigas en tentación.
-Si maestro… - me respondió el imbécil. No entiende la profundidad y la grandeza de esas palabras.
-No Jorge, el Maestro es otro.
            Sin duda Jorge me esperó. Su inteligencia limítrofe solo entiende de lujuria, sangre y dinero. Cuando salí de la cárcel nadie me esperó. Todos supieron de inmediato que mi alma estaba maldita, que mis manos estaban manchadas y la marca de Caín me distinguía de los demás. Pero no en realidad no me importa, todo sea por él.
            Estaba todo preparado. El Maestro requería un sacrificio. Jorge traería la ofrenda, para yo pronunciar las palabras, marcar las llagas, y producir los lamentos… la ópera preferida del Maestro.
            Conozco el lugar indicado. Una parcela alejada de toda la urbe, la contaminación de los impuros. La compré para el día de mi boda. Un regalo, un refugio para el Maestro.
            Aquella noche era espléndida. Nadie a kilómetros de distancia, el epicentro de la soledad. Jorge dijo que llegaría con la ofrenda justo antes de la media noche. Y cumplió.
-Maestro, le he traído lo prometido – dijeron sus torpes labios, llenos de lápiz labial, y pecado.
-¿Qué has hecho Jorge? – le pregunté viendo que cargaba un saco empapado en sangre.
Descubrí a la víctima. Una joven de no más de 15 años. Una flor entre la maleza. Era ideal, pura, joven, la debilidad del Maestro… pero Jorge lo estropeó.
-¡Jorge, te dije que no la tocaras!
-Pero Maestro… no la ve… es hermosa… no pude aguantarme – me respondió tomándose el cinturón, saboreándose de sus acciones.
Una pala fue lo último con lo que Jorge interactuó en esta vida. Una tras otra, la pala se clavó en su cráneo, y un charco de sangre hedionda se formó bajo su aún cálido cuerpo. Mis brazos cansados la dejaron caer, preocupado por el desperdicio de esta noche. Una noche que no se repetiría dos veces.
Entonces, escucho alboroto. Alguien se acerca a la casa. Un vehículo. Una muchacha se baja de una ostentosa camioneta. La conozco, es mi hija.
-¿Papá? Qué haces acá? – me preguntó asustada, cuando salió a activar el generador independiente de la casa.
-Hija… esto es una señal, el Maestro nos quiere juntos para llamarlo… hija ven conmigo.
-¡Estás loco!… ¿de qué estás hablando? – respondió, causándome extrañeza, ella es mi sangre ¿Cómo es que no entiende mi propósito? - ¿Qué es ese olor? No… Papá… ¡!NO!!
Cuando todo estuvo en silencio nuevamente, tres nuevos cadáveres acompañaban a Jorge y a la chica. Una fiesta privada para cuatro, pretendía llevarse a cabo en mi casa… en mi templo. No lo permití.
-Siento que no puedas entenderme hija, pero esto es el propósito de mi vida… la paz me llama, el Maestro lo hace...
Ella me responde tratando de zafarse las amarras, y con gritos ahogados en una mordaza. Sus ojos de horror no pueden describir de mejor forma el reflejo de mis pensamientos.
La ato nuevamente, dando forma a su estrella, la que es invertida y lleva cinco puntas, y con un fino y arcano cuchillo corto sus entrañas. Sus gritos no los puede oír más que yo y el Maestro. Su dolor es nuestro, su agonía abre la puerta. Una fogata acompaña mi espera. El silencio y la soledad se hacen sentir, y el fruto de mis entrañas está abierto de par en par, iluminando las suyas con el fuego.
De entre el bosque que rodea la sagrada estancia, se escucha un movimiento, y una voz atraviesa mi corazón, con un filo que no se ha agotado en cientos de años, llevándose con él, mi último aliento. Mi vida consagrada a MORTIS.
-Descansa mi vástago… mi cófrade… tus actos han sido recompensados… ya estoy aquí.


FIN.

Ilustración: Ítalo Ahumada - Mortis Eterno Retorno.



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